Vistas a la página totales

Vistas a la página totales

domingo, 2 de junio de 2013

Rebelión


Los golpes se repartieron por todos lados. Mis cuatro compañeros y yo habíamos decidido iniciar la revuelta. Aún recuerdo las patadas y los puñetazos lanzados a mis contrincantes. La pelea era contra alumnos, de la misma escuela, más grandes y fuertes que nosotros.  La rebelión estaba hecha; se inició en el tercer año de secundaria y duró todo el ciclo escolar.  Como todo problema, el detonador fue algo leve pero el hartazgo era demasiado.

Durante dos años, mis compañeros habían sido víctimas de lo que hoy se le conoce como bullying. Hay que mencionar que este fenómeno se daba antes con mucha frecuencia, pero no era tan renombrado. Ellos padecieron burlas, insultos, golpes e incluso robos.

Por mi parte, durante el primer año de secundaria, me comportaba de manera tranquila y sin lío alguno.  Los conflictos nunca han sido mi fuerte, pero hay que defenderse cuando es necesario. El primer año lo sobrelleve en un grupo sumamente conflictivo.

Durante el segundo año, y gracias al soccer, me fui llenando de conocidos; entre ellos un grupo de chicos agresivos y con fuertes problemas sociales. Estos chicos eran los que ejercían esta intimidación hacia mis compañeros.  Muchas veces me invitaron a convivir con ellos y me incitaron a meterme en líos. Nunca lo intente ni me pareció que fuera buena idea.


Esto me ocasionó problemas,  ya que si no quería convivir con ellos los tendría que padecer. Y así ocurrió, comenzaron a molestarme e intimidarme. Debido a esto, tuve que defenderme como podía, con mis propios recursos.  Tiempo después, los compañeros que habían padecido sus burlas y hostilidades comenzaron a juntarse  conmigo.

Supongo que ellos habrían querido defenderse antes, pero no se habían atrevido. Fue así que comencé a jugar en el equipo de los sometidos, despreciando por completo a los problemáticos. Esto provocó que cada partido de fútbol fuera una batalla llena de patadas, empujones y golpes. El problema se acrecentaba debido a que comenzábamos a ganar los juegos. 

Mis compañeros ya no se subordinaban ante los agresores, y estos comenzaron a hacer más violenta su presión. Fue así que estalló la revuelta. Las sillas volaron por todo el salón; las niñas, asustadas, llamaron a la profesora que llegó a calmar los ánimos. Sin embargo, ya todo se había iniciado. En el receso las cosas empeoraron. Por lo que mis cuatro compañeros y yo respondimos a las hostilidades.

Nuestras pequeñas batallas eran diarias y parecían interminables. Adolescentes lastimados, suspendidos, cartas de buena conducta interminables, llamadas a nuestros padres, juntas de urgencia y un largo etc, fue el saldo de aquellas batallas. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario